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Nació en Ronda el 19 de noviembre de 1754 hijo de Juan
Romero y nieto de Francisco Romero, tercera generación en la
dinastía de los Romeros y en la historia taurina de Ronda,
de España y del mundo. Pedro Romero es el hombre que marca
el antes y el después de la figura del torero, alza dicha
tarea como única, individual, profesional y llena de arte,
del buen hacer dentro y fuera de los ruedos, el torero
empieza a ser una personalidad destacada y cotizada. Fue muy
amigo de Goya que tanto retrató a él y a su hermano en su
Tauromaquia. En su manera de torear plasma claramente el
espíritu Rondeño en un toreo hondo, grave y serio del que
salió una figura esencial en esta historia Cayetano Ordóñez
de la dinastía de los Ordóñez.
Su trayectoria taurina comienza en Los Barrios (Cádiz) luego
torea dos novilladas en Algeciras, en 1771 su padre Juan
Romero le lleva como segundo espada. Torea en el mismo año
en Jerez de la Frontera en tres novilladas y ve por primera
vez la suerte de varas, en el año siguiente torea en la Real
Maestranza de Sevilla los días 9, 11, 16, y 18 de Mayo
durante los cuales se torearon 86 toros junto a él estaban
Manuel Palomo y Antonio Albano.
Debuta en las Ventas de Madrid en 1775
junto a su padre Juan Romero en la primera corrida y en la
segunda el 8 de Mayo junto a Costillares y su padre. Cosechó
grandes éxitos durante esta temporada y la siguiente. En
1777 se niega a torear de nuevo en Madrid por una polémica
con el torero Costillares. En la temporada de 1778 torea por
primera vez con Pepe-Hillo en Cádiz, que será su duro
oponente en las difíciles corridas mantenidas en la Real
Maestranza y en otras plazas andaluzas. Durante los dos años
siguientes adquiere más fama aún en sus faenas en las
mejores corridas que se celebran en las plazas de primera
clase.
El 19 de Mayo de 1785 torea en Ronda
coincidiendo con la inauguración de la Plaza de Toros de la
ciudad.
Se retiró en Ronda su ciudad natal en
1806 fue a continuación profesor de la recién creada Escuela
de Tauromaquia de Sevilla. Murió en Ronda el 10 de febrero
de 1839, con su trayectoria ocuparía el primer lugar entre
los matadores y sus rivales se considerarían toreros. La
seguridad de Pedro Romero al entrar a matar le otorgó el
calificativo de infalible. |