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Es
una pequeña ermita, abandonada y mal cuidada cercana al
Puente Romano o Puente de San Miguel.
En
este lugar estuvo ubicada la sinagoga, pero como capilla la
conocemos desde la reconquista. Era utilizada como santuario
por los trabajadores, maestros y dueños de las empresas de
curtidos instalados en este barrio de San Miguel, donde
veneraban a su santo de Santa Cruz. Existen documentos
que verifican que en la plaza donde se sitúa se celebraban
las fiestas de los Toros de Fuego en honor a San Miguel.
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